slashing echoes

started in confusion and will end in disarray;

On sheer desperation:

I come here after having dialed a couple numbers and not getting and answer because I really need to say this to someone and I’ve ran out of ears to listen.

I’m not even in the mood to make it sound pretty.

I have no family anymore. They’ve all turned their back on me. My mother, even. From now on I’m on my goddamn own.

And it’s scary as shit.

I have no food on the fridge apart prom half a pot of lentils I don’t feel like eating, and there’s still a week until my next paycheck.

Well, at least I have that.

But I can’t sleep at night thinking about what would become of me if one day I just… don’t.

I know it’s no use to ask “why me” and “what did I do to deserve this” because there is no answer to that, but still.

There are people who had it worse, right?

(is that supposed to be a comfort somehow?)

Aw, hell.

Good morning, doctor

It’s not that I hate my job, because I don’t. Really. I mean, of course I would be better off doing something else (like sleeping until midday, spending my afternoons between the library and the gym and my nights playing theremin and dancing around carelessly in nothing but my underwear, because one can dream), but I like doing what I do, even though I spend ten hours a day in a dark office without natural light, doing a bunch of stuff in a crappy old computer with an internet filter and getting an occasional papercut. Ok, I admit it sounds kind of dissatisfying, but I swear it isn’t. Unlike that other place, my boss appreciates what I do. My coworkers don’t hate me. I think they actually like me, or at least are good at acting as such.

It’s not like I hate my way of living, but damn, it takes just way too much time and effort not no let it fall apart, and I want a lot more than that. I want to make it better, and I have strived to do just that, but currently it’s just not possible. Maybe if I had more time. Maybe if I earned more money.

It’s not like I hate being alone. As a matter of fact, I’ve designed this stage of my life to be exactly this way, because people are always such a distraction and I want to concentrate on myself and nothing else. But I long for the people I used to talk to, the purposeless gatherings we used to have and the occasional phone calls that assured me that I still mattered to someone. And now all these people are gone, I don’t really have anyone to talk to and the only calls I get now are from guys who just want to check if there is available space inside my pants, nothing else. I wonder what happened to everyone who cared. If they ever did. Did they ever? Doesn’t matter, anyway. It’s not like I have time to go out with them or to invite them over for tea. Also, I ran out of tea and can’t afford another bag at the moment.

I guess that’s it for today. Thank you, doctor, see you next time.

Escombros

Quiero sentarme aquí y nombrar una por una todas aquellas cosas que hoy encuentro al mirarme en el espejo y antes no solían estar allí, y hacer público lo deslucida que me veo por culpa de lo que sea que me está desordenando por dentro y manifestándose en forma de todas estas nuevas imperfecciones. Pero es que cada vez que lo intento me siento como los mendigos que se sientan en las puertas de las iglesias mostrando el horror de sus deformaciones con la esperanza de generar la suficiente lástima -o asco- para hacerse merecedor a alguna moneda. Aunque mi intención no es esa.

Quiero protestar por lo que me está pasando pero no sé cómo. Y mientras tanto voy a tener que evitar pasar frente a cualquier superficie medianamente reflectora que me recuerde que a pesar de todo el esfuerzo que hago, no estoy bien y cada vez me siento peor. Que el templo que era mi cuerpo ha colapsado y ahora no soy más que las ruinas de mí misma.

Empiezo el lunes

Como la señorita ya tiene un pequeño libro en su historial de publicaciones, no quiere volver a escribir una sola palabra sin que esta haga parte del texto más hermoso escrito jamás. Se la pasa redactando prosa en su cabeza, pensando en frases que quedarían bien al final del párrafo que cierra el capítulo de una novela que, siendo sinceros, lo más probable es que no llegue a existir pronto, y pasan a la posteridad convertidas en un tweet que pocos leerán y del que nadie se acordará mañana.

Sabe que tiene que volver a escribir, pero es que no tiene tiempo y la vida se le ha vuelto una ordalía en la que no le quedan ni fuerza ni ganas para alguna otra cosa que no sea soportarla. Además, trabajando diez horas al día y repartiendo las demás entre todas esas obligaciones de la vida adulta que no tiene la opción de ignorar,  sólo tiene un par de minutos para disponer como desea, y entre tanta distracción los deja ir.

Se dice a sí misma “de verdad, escribe cualquier cosa y que no te importe qué salga, no pasa nada si no es ninguna cosa digna del premio revelación al joven escritor, igual tampoco tienes la atención de nadie y si se atreven a juzgarte no es el fin del mundo”, y se responde “tienes razón, no debo dejar que se me olvide”, y muy envalentonada saca una hoja de papel o se sienta frente a la pantalla y en el momento en el que está a punto de dibujar la primera letra o de golpear la primera tecla se le va toda la disposición al infierno, queda en blanco y se arrepiente pensando que de todas formas lo que sea que iba a escribir no iba a valer tanto la pena.

Aunque hay tantas cosas que quisiera decir y tan poca gente que quiera escucharla. Además, hace tanto no habla con nadie que tendría que contextualizar a su interlocutor para poder compartir su impresión actual de la existencia, y la verdad preferiría no hacerlo porque ni siquiera tiene idea sobre por dónde empezar.

Y está harta de todo. De su frenesí diario, su autoimpuesto mutismo y no hacer mucho al respecto. De decirse “un día de éstos”,  ”ya después habrá tiempo” o “el lunes empiezo”. Ya veremos si se decide a cambiar algo de una maldita vez.

“Tienes que ser fuerte”

Pero por supuesto. ¿Tengo otra opción, acaso? Soy perfectamente consciente de que las circunstancias bajo las cuales mi vida ha seguido su curso no han sido particularmente favorables, y me es absolutamente necesario adaptarme a ellas a como dé lugar. Sé de sobra, porque es lo que más se me ha dicho al respecto (y lo que yo misma me repito todo el tiempo), que debo ser capaz de enfrentar todo, poraque lastimosamente así son las cosas y lo único que uno puede hacer es aprender a vivir con ellas. Tengo que poder con esto, sí, está claro.

Y vaya que lo he hecho. Tal vez en menos tiempo del que le toma a una persona cualquiera –y, valga decir, con bastante más gracia– me he convertido en alguien capaz de valer por sí mismo a pesar de todos los problemas (domésticos, físicos, económicos, laborales, académicos, emocionales, you name it) que he tenido desde que yo solita tuve que tomar las riendas de mi vida y tratar que fuera hacia adelante a como de lugar. Ya soy grande y fuerte. Yo sola he podido con todo lo que me ha mandado la vida. Estoy bien. Pese a todo estoy bien y puedo hacer que todo esté mejor. Yo pude, yo puedo. Bring it on.

Sola. Y no uso esa palabra para despreciar el apoyo y la ayuda que he recibido de aquellas personas que he tenido cerca (aun cuando lejos) en los momentos más críticos. He tenido hombros sobre los cuales llorar, manos para tomar y consejos de sobra para recibir, sí, y sin todo aquello tal vez no habría sido capaz de pasar por todo… pero el esfuerzo ha sido mío, y cada problema que he tenido lo he resuelto yo, aunque no haya sido nada fácil.

Sin embargo, siempre vendrá algo más. Y aunque ya crea ser fuerte y grande también tengo que reconocer que estoy agotada por tener que lidiar con todo, porque no es fácil tener ventidós años y noventa y nueve problemas mientras ves cómo la vida de los otros es tan cómoda, y mientras tanto preguntarse a cada rato, por qué yo, por qué a mí, pues porque sí. Y cuando todo me agobia de nuevo pido ayuda que sólo me llega en forma de aliento: “tienes que ser fuerte una vez más”. Pues claro, ni modo.

Debo ser fuerte y aguantar. Debo ser fuerte y callar. Debo ser fuerte y solucionar mis propios asuntos de la mejor manera posible. Debo ser fuerte aunque canse, duela, desespere y crea que ya no pueda más.

Puedo más, sí, ¿pero qué si ya no quiero poder más? ¿qué si no quiero seguir siendo fuerte de nuevo? ¿qué si todo lo que quiero hacer en este momento es deshacerme de mis cargas, cerrar la puerta y tenderme en el suelo a llorar? ¿qué si en vez de respirar profundo y seguir adelante me quedo aquí para siempre? ¿qué si me permito ser débil?

Tengo derecho a serlo. También puedo derrumbarme y no ver salida y querer abrazos y lástima en lugar de empujones e inspiración. Desear que del cielo me caiga la ayuda que necesito en lugar de tener que esforzarme por hacer que se me den las cosas. Dejar de ser responsable por mí misma y que alguien más tome el control. No recuperarme de la caída. El suelo es cómodo y parece ser mi lugar de tanto que se me ha arrojado a él.

Tengo que ser fuerte y lo seré, pero quisiera, de verdad quisiera no tener que serlo más.

Por cierto, escribí un libro

Y es la cosa más linda en el universo universal:

"Delirium", por Grace Sutachan

Delirium es una selección de los escritos que he publicado en internet en los últimos siete (¡¿ya siete?!) años. Le agradezco infinitamente a Samsara Editorial (y muy especialmente a Sergio, editor & evil mastermind) por volverlos papel, ponerlos en una pequeña y hermosa edición y hacerme infinitamente feliz.

Si alguien está interesado en adquirir un ejemplar, puede hacerlo directamente con la editorial (envía desde México), o conmigo. No es sino que me escriba un correo o me deje un comentario y por interno cuadramos.

Espero que lo compren y me vuelvan famosa porque por el resto de mi vida quiero seguir escribiendo ficciones chiquitas y no demandas contra la DIAN. Gracias por su apoyo.

Título. No pun intended. O sí.

Sentí el impulso de venir aquí y escribir algo. Cualquier cosa, no sé. Necesito alguna clase de distracción.  Es que no me siento capaz de seguir mirando ese .docx en el que tengo que tratar de convencer a un juez en veinte páginas a Times New Roman 11 que la DIAN cometió un error de interpretación cuando emitió un concepto oficial diciendo que la sanción por inexactitud hace parte de la base para el cálculo de la sanción por devolución improcedente.

Se siente raro usar este tipo de palabras aquí. Estoy diciendo cosas que hasta hace un par de meses no entendía del todo. Que hace un par de años no entendía en absoluto. Que mucho antes que eso no tenía ni cómo imaginar. Sin embargo las tengo en la cabeza e incluso las dejo entrar en este sitio que a pesar de los cambios ha sido mío por más de media década, antes de que todo esto empezara.

Me asusta lo rápido que va todo. Hace menos de una semana me gradué de algo que nunca quise ser. Hace más o menos tres meses tuve que salir de mi casa y valerme por mí misma. Hace casi un año y medio conseguí un trabajo excesivamente demandante y hace dos veía clases de astronomía, ruso, chino y portugués y todo era tan fácil y hermoso. Hace seis cometí el error de dejar que alguien decidiera por mí y en todo este tiempo nunca hice nada al respecto más que quejarme. Hace diez veía dibujos animados en la cama de mis papás y los días duraban mucho más de lo que yo quisiera. Hace veinte no tenía idioma ni memoria.

Odio esto. ¿Qué? todo. Estoy realmente harta de ver terminar un día sabiendo que el siguiente será igual o tal vez más detestable, y no sé por qué lo soporto. No sé qué estoy esperando que cambie. Supongo que aguardo la esperanza que del cielo me caiga la posibilidad de renunciar a todo. Que de repente me sorprenda la oportunidad de tener otra vida en otro lado. Que toda esta adultez y responsabilidad y todo este aguantar para tener un lugar donde dormir y algo que comer se va a acabar el día en el que _______.

Mientras tanto yo estoy acá sentada en la silla de mi oficina, mirando llover y totalmente paralizada del miedo. Qué tal que yo sea ésto para siempre. Qué si nunca encuentro la posibilidad de cambiarlo todo. Porque es fácil decir “pues renuncia y trabaja por lo que quieras” pero mientras tanto quién va a pagar el arriendo los servicios y el mercado. También es fácil replicar con “entonces dedícale tu tiempo libre a lo que realmente te gusta” pero de dónde si entre semana salgo de aquí directo a mi cama a dormir sólo cinco horas y cuando no tengo que trabajar estoy demasiado agotada para pensar siquiera en otra cosa. Aborrezco con todas mis tripas la idea de que esto sea mi vida pero la certeza de que lo será para siempre se me va haciendo más grande cada día y me obliga a esconderme de ella bajo mis cobijas aunque ya ni me deje dormir.

Y qué ganas de tirarse por la ventana, eh.

Hace una semana podía culpar de todo a quien me obligó a ir por este camino, pero ahora nadie me está empujando y de alguna manera entiendo que si estoy aquí es porque quiero. Y quiero poder querer y poder otra cosa. Está en mis manos. Depende de mí. Pero estoy exageradamente sola y no sé qué hacer con mi vida más allá de darla por perdida porque qué.

Qué estúpida sueno. Qué dramática. No es para tanto.

¿Que no es para tanto? Es mi vida malditasea, and it’s ending one minute at a time.

Suficiente.

A trabajar, que quiero salir de aquí.

Hoy.

Y para siempre.

C17H19NO3

A live body and a dead body contain the same number of particles. Structurally, there’s no discernible difference. Life and death are unquantifiable abstracts. Why should I be concerned?
— Dr. Manhattan

Hay partes dentro de mí que se han roto y puedo verlas sangrar bajo la piel. Siento, sin poder mirarlas directamente, que han decidido no funcionar más y están empezando a descomponerse. Algunas de estas heridas incluso se han abierto paso hasta la superficie y se muestran de un escandaloso color rojo arterial que ya ni me molesto en esconder.  Estoy perdiendo el pelo a mechones y si me mirara al espejo vería  unas ojeras gigantescas, producto de haber perdido la capacidad de dormir por más de dos horas seguidas. Pero ya no lo hago.

Para cada dolor tengo una caja de pastillas sobre la mesa de noche y con cada pastilla que tomo noto un cambio en el balance de sustancias que determinan quién soy, cómo estoy y cómo me siento. Por ejemplo, esta blanca con azul de aquí puede hacerme olvidar el cansancio y hasta me pone de humor. Pero tengo el cuerpo tan lleno de químicos que ya no me atrevo a decir que esta soy yo.

Mi doctor dijo que estoy enferma por que quiero. No lo ha dicho así, claro, pero insinuó -y con toda razón- que la causa de todo este desorden interno es producto de la somatización. Luego me prescribió una pastillita blanca y azul que no he querido seguir tomando porque me da una felicidad que no es mía, diciéndome en tono de broma que no tiene mérito morirse de tristeza. Pero ningún medicamento cambia las circunstancias; sólo van al hígado, se metabolizan y tratan de decirle a mis órganos que, hey, tranquilos, no importa. Aunque sí.

Van a arreglarme por dentro un problema que viene de afuera. Claro.

Aunque quizás esta aflicción tampoco sea más que química. Algún neurotransmisor que falta…

Спутник, моя любов

¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?

Haruki Murakami, Sputnik Sweetheart

Lo inexorable

Cuando piendo en los dientes pienso en la muerte. Me miro al espejo y manteniendo la boca cerrada me separo los labios con los dedos, hasta que las dos filas de dientes me dibujan el cráneo que se esconde bajo la carne. Miro mi boca, pequeña y rosada, y no puedo evitar pensar que los dientes siempre están allí detrás. Que bajo la piel hay músculos y bajo los músculos huesos y que yo estoy hecha de aquello, y aquello, que permanece oculto dentro de la oscuridad húmeda de mi cuerpo vivo, es la imagen de la muerte misma.

La primera vez que pensé en la muerte fue por un diente. Nunca he podido reconciliarme con el hecho de que los dientes se caen. Pensar en que algún día los que tengo empezarán a debilitarse y caer me provoca el mismo pánico infantil y primario que sentía cuando era una niña y al hacer un recorrido de mi boca con mi propia lengua notaba horrorizada que un diente se movía. Se va a caer. Se va a caer, se va a caer se va a caer, no quiero que se caiga ¿por qué se cae? Se movía y cada vez que lo hacía me estremecía ante la certeza del dolor del día en que penda de un nerviecillo y me lo arranquen de un tirón, aunque ese dolor nunca era para tanto. Lo que me mataba de angustia era la certeza de que pasaría. ¿Pero cómo le explicaba a mis padres que todo lo que lloraba y el escándalo que hacía no se debía al dolor de encías sino a la seguridad de lo inevitable? Les dije que era como… como morirse. Porque me voy a morir y cuando pienso en eso se me abre un huequito en el estómago del horror y empiezo a llorar.

Me está saliendo una muela. En este momento vivo con un dolor permanente en el lado derecho de mi maxilar inferior. Es insoportable, sí, pero trato de no decirle a nadie porque sé que me van a aconsejar que vaya al odontólogo para que me la saque. Tendrían razón, claro. Pero cómo les explico que, para mí, ofrecerme voluntariamente a la extracción de una pieza de mi dentadura se siente como estar cavando mi propia tumba y no quiero no quiero no quiero ni pensar en eso.