Pero por supuesto. ¿Tengo otra opción, acaso? Soy perfectamente consciente de que las circunstancias bajo las cuales mi vida ha seguido su curso no han sido particularmente favorables, y me es absolutamente necesario adaptarme a ellas a como dé lugar. Sé de sobra, porque es lo que más se me ha dicho al respecto (y lo que yo misma me repito todo el tiempo), que debo ser capaz de enfrentar todo, poraque lastimosamente así son las cosas y lo único que uno puede hacer es aprender a vivir con ellas. Tengo que poder con esto, sí, está claro.
Y vaya que lo he hecho. Tal vez en menos tiempo del que le toma a una persona cualquiera –y, valga decir, con bastante más gracia– me he convertido en alguien capaz de valer por sí mismo a pesar de todos los problemas (domésticos, físicos, económicos, laborales, académicos, emocionales, you name it) que he tenido desde que yo solita tuve que tomar las riendas de mi vida y tratar que fuera hacia adelante a como de lugar. Ya soy grande y fuerte. Yo sola he podido con todo lo que me ha mandado la vida. Estoy bien. Pese a todo estoy bien y puedo hacer que todo esté mejor. Yo pude, yo puedo. Bring it on.
Sola. Y no uso esa palabra para despreciar el apoyo y la ayuda que he recibido de aquellas personas que he tenido cerca (aun cuando lejos) en los momentos más críticos. He tenido hombros sobre los cuales llorar, manos para tomar y consejos de sobra para recibir, sí, y sin todo aquello tal vez no habría sido capaz de pasar por todo… pero el esfuerzo ha sido mío, y cada problema que he tenido lo he resuelto yo, aunque no haya sido nada fácil.
Sin embargo, siempre vendrá algo más. Y aunque ya crea ser fuerte y grande también tengo que reconocer que estoy agotada por tener que lidiar con todo, porque no es fácil tener ventidós años y noventa y nueve problemas mientras ves cómo la vida de los otros es tan cómoda, y mientras tanto preguntarse a cada rato, por qué yo, por qué a mí, pues porque sí. Y cuando todo me agobia de nuevo pido ayuda que sólo me llega en forma de aliento: “tienes que ser fuerte una vez más”. Pues claro, ni modo.
Debo ser fuerte y aguantar. Debo ser fuerte y callar. Debo ser fuerte y solucionar mis propios asuntos de la mejor manera posible. Debo ser fuerte aunque canse, duela, desespere y crea que ya no pueda más.
Puedo más, sí, ¿pero qué si ya no quiero poder más? ¿qué si no quiero seguir siendo fuerte de nuevo? ¿qué si todo lo que quiero hacer en este momento es deshacerme de mis cargas, cerrar la puerta y tenderme en el suelo a llorar? ¿qué si en vez de respirar profundo y seguir adelante me quedo aquí para siempre? ¿qué si me permito ser débil?
Tengo derecho a serlo. También puedo derrumbarme y no ver salida y querer abrazos y lástima en lugar de empujones e inspiración. Desear que del cielo me caiga la ayuda que necesito en lugar de tener que esforzarme por hacer que se me den las cosas. Dejar de ser responsable por mí misma y que alguien más tome el control. No recuperarme de la caída. El suelo es cómodo y parece ser mi lugar de tanto que se me ha arrojado a él.
Tengo que ser fuerte y lo seré, pero quisiera, de verdad quisiera no tener que serlo más.