Día de cuál mujer.

Recuerdo perfectamente ese 8 de marzo. Acababa de llegar del colegio con una chocolatina en el bolsillo y una tarjeta genérica en la mano que me felicitaba anticipadamente por la mujer ejemplar que sería. Entré a mi casa, me quité el uniforme y me puse lo que siempre usaba cuando tenía 11 años: una camiseta talla XL y un pantalón de sudadera. Cuando salí de mi cuarto, mi papá me estaba esperando con una bolsa en la mano y me la entregó como si fuera un regalo. Dentro de ella había ropa, y me dijo que me la probara para ver si me quedaba. Volví a mi cuarto para cambiarme, pero al mirar bien dentro de la bolsa vi que lo que había dentro era ropa de hombre. Salí a reclamarle a mi papá por eso, pero él me respondió: “¿por qué quieres ponerte ropa de mujer, cuando nisiquiera pareces una?”.

Han pasado casi diez años desde eso y aunque ya no haya nadie que me ataque todos los días por cómo luzco y me reclame por no ser lo que debería, todavía lo recuerdo y me pregunto ¿Por qué rayos quiero ser una mujer, para qué me esfuerzo en ser una mujer, qué sentido tiene ser una mujer, cuando nisiquiera parezco una?

I don’t have a photograph that captures his smile, but I do have a tape of his laugh.

Todas las noches, cuando cierro los ojos para dormir, empiezo a oír voces. Todas me son familiares, casi siempre puedo identificar a quién pertenecen, pero pocas veces puedo entender lo que dicen. Cuando estoy muy cansada sólo oigo que balbucean; pero cuando puedo tomarme mi tiempo para dormir, me concentro y las palabras empiezan a distinguirse claramente. Las voces nunca dicen nada. Nada importante, al menos. Son sólo palabras que se juntan en frases con correctas estructuras gramaticales pero sin sentido alguno.

Sé que no son voces, realmente. Siempre he asumido que es la forma en la que mi cerebro se prepara para descansar, tomando sonidos de la memoria y mezclándolos con palabras que recoge del lóbulo temporal izquierdo. Y así las voces me van arrullando hasta que me duermo. Siempre. Todas las noches.

Anoche tu voz fue la primera en oírse. Me hablaba, y pude reconocer en lo que me decía muchas de las cosas de las que me habías hablado durante el día. No se callaba. No fue interrumpida por la voz de mi abuela o de algún presentador de noticias. Parecía que estuvieras allí, hablándome al oído y acariciando mi espalda. Tu voz conversó conmigo por horas, me hizo reír muchísimas veces y en una de ellas me quedé dormida.

Soñé con gatitos verdes y abrazos fantasma. Cuando desperté, su voz seguía allí, saludándome con un sorpresivo “buenos días, pequeña”.

El eterno retorno

Si mi destino es llorar palabras sobre una tumba vacía, que así sea. Y creo haber usado estas palabras antes. Más que ser un déjà vu, estoy segura de que esta parte de la historia también debe repetirse.

***

Necesito odiarte para que esto funcione. Odiarte y tener la convicción absoluta de que no volverás nunca, para no sentarme a esperarte. Necesito matarte en mi cabeza y arrancarte de cualquier cosa impregnada de tu recuerdo, aunque para ello tenga que deshacerme de la mayor parte de mí. Necesito arrepentirme de tu existencia hasta que lo único que me quede de ti no sea nada más que un mal sueño. Desaparecerás y yo creeré que has muerto, y te odiaré tanto como me odio a mí ahora. Me desharé de tí y de lo que ha sido de mí para volver a ser la sombra de un algo que aún se espera que nazca.

***

Vuelvo a no saber qué ser.

Breve momento de cursilería patrocinado por TaxExpress

Oh, how I love you,
and in the evening, when we are sleeping,
we are sleeping. Oh, we are sleeping…

No me destines, que no soy futura.

Yo  pertenezco al aquí del ahora, y sólo existo en el presente que tanto te desagrada.
Lamento que lo que sea que hayas sentido haya estado dirigido hacia una expectativa que no estoy dispuesta a cumplir.

Gracias por una vanidad que duele, pero no quiero torturarme más.

Monólogos de chofer

“Allí adelante están construyendo el hotel Hilton, dicen que va a tener más de doscientas habitaciones. ¿De cuántos pisos quedará ese hotel? Yo creo que con unas tres o cuatro habitaciones por piso, más las salas y los restaurantes, ah, y la piscina que dicen que va a tener… yo creo que queda de unos doce o quince pisos. Y mire, allá adelante están construyendo otra cosa ¿qué es eso, un hotel también? sí, ahí va a haber otro hotel. Señorita, ¿no cree usted que de tanto construir, el planeta se nos va a salir de la órbita? yo sí, imposible que con tanto peso de los edificios no se caiga el planeta y salgamos a volar por el espacio. ¿Qué se sentirá ir por ahí en el espacio? ¿Se acabará el mundo? No, yo no creo en eso del fin del mundo. El mundo se acabará para uno, uno es el que se acaba, pero el mundo sigue. Sólo que uno ya no va a ver nada. ¿Cuánto tiempo mi diosito nos dará en esta tierra? No más de ochenta años. Por ahí a los setenta y cinco uno ya está para morirse. Señorita, ¿usted cree en el alma? ¿Será que cuando uno se muere el alma irá a para en el cuerpo de otro paisano? No, yo no creo en eso. Para mí el alma es la manera de pensar de la gente, y cuando uno se muere sólo se le apaga la luz y se va el cuerpo junto con el alma. Polvo eres y en polvo te convertirás. Ya no pasa más nada, uno sólo se muere y listo. Todo negro para siempre. Qué miedo, señorita, yo prefiero no pensar en eso.”

Uno cero siete

Me angustia vivir en un mundo exponencial porque aún no sé qué clase de curva describo.

(explosión)

Crecí.
Y ésta realidad me ha dado la bienvenida violentamente.

-recuerdo haber nacido, pero no haberme acostumbrado-

Ellipsis

Ahí está el mundo burlándose de mí, dándome más de lo que quería, mucho más de lo que podía soportar. Pero me recuerdo deseando tantas cosas…

… y yo que no he termin

(my memories just don’t make you justice)