Que uno tenga lo que llaman “writer’s block” es una cosa. Pero que aparezca incluso cuando tengo que hacer escritos de índole académica, es infame. Necesito encontrarme, desde hace ya bastante tiempo. Pero precisamente es eso lo que me falta, tiempo.
Monthly Archive for November, 2006
I’d rather have a knife pulled on my throat as i swallow one hundred razorblades than puking.
I prefer to be buried alive six hundred and sixty six feet under than puking twice.
Llorar es una de las cosas que hago con mucha frecuencia. Mi mamá me dijo que cuando era pequeña yo lloraba hasta un 90% de veces más que los demás niños. Yo creo que eso se debe a lo consentida que soy, porque lo soy, y en cantidades desproporcionadas. Quenes han estado cerca mío para conocerme un poco (léase él) saben eso, y creen que cuando se me humedecen los ojos es por cualquier cosa que no merece ser tenida en cuenta. No puedo culparlo. Yo lloro con avances de películas, propagandas de detergentes, canciones viejas, programas infantiles, muñecos de peluche, días soleados, días felices, la exposición de turno del museo nacional, cualquier foto, el espejo… es más, a veces lloro por que “no sé”. Porque necesito liberar un poco de la presión que tengo en la cabeza, como si estuviera llena de agua.
Pero si lloro es porque algo me duele. Recuerdos sacudidos, sentimientos reflejados, llagas en el corazón. Siempre es alguna cosa de esas que no me gusta sentir. Él debería saberlo, yo debería tener las agallas suficientes para explicárselo bien…
Pero la historia siempre es la misma… él hace algo que me molesta, mi organismo reacciona poniéndose hostil, él ignora mi estado por completo, me pregunta qué me pasa, yo le explico qué me pasa, el me dice que es una estupidez y que yo me pongo así porque se me da la gana, yo me pongo a llorar, él dice que me detesta cuando lloro, por supuesto yo lloro más y él me hace enredar en una cadena de argumentos sin sentido motivados por la ira, el dolor y un poquito del amor que le tengo, para concluir con un fulminante “usted sabe que la quiero, ¿por qué sigue dudando de eso cada vez que algo no está bien?”
Ahí está, retratada en sus palabras, toda mi inseguridad, la única que tengo, la que me obliga a preguntarle a las flores si me quiere o no mientras las desvisto pétalo por pétalo. Nadie en éste mundo se hizo para quererme, y él, siendo la ridícula excepción a una regla que estaba a punto de ser catalogada como dogma, resulta ser lo mejor que me ha pasado en la vida. El que me quiera, me motiva. Cuando siento que todo lo maravilloso que me ha pasado gracias a él puede caerse en cualquier momento, siento el impulso de reaccionar, y lo hago, lloro.
Lo único que pido es un beso cada mañana, un abrazo y su sonrisa cada vez que lo miro a los ojos, es lo único que necesito en éste momento de mi vida para ser feliz. Tal vez exijo demasiado. Tal vez necesite pensar en otra cosa.
Pero no fuiste tú quien con la garganta desgarrada, el pecho adolorido, las vías respiratorias completamente obstruídas y el corazón ardiendo en ganas de verte, se atrevió a caminar bajo la lluvia torrencial, empapándose íntegra y llorando mientras se preguntaba por qué te quiere tanto, sólo porque prometió esperarte en aquel lugar donde no estaba, a la hora que ya casi llegaba.No, eso sólo lo hago yo, esa es mi forma de quererte.
Llamarme y decirme que espere, porque no te quieres mojar, es tu forma de quererme más.
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