Needful things (II)
by Grace
Yo cierro los ojos para imaginar cosas, generalmente. Los cierro cuando necesito que la voz que deambula por mi cabeza tome aliento y empiece a describir todo lo que tendría que pasar en mi vida para que yo fuera feliz. La voz se emociona a medida que desliza de manera sutil todas las palabras por mi cerebro, se llena de un aire de convicción y me hace creer todo lo que dice, me hace feliz siempre y cuando mis ojos no se abran.
Aquella voz es excepcionalmente buena para relatar con detalles todo lo que imagino. Hoy, por ejemplo, me recordó lo bien que se sentía no estar solo. Decía que la sonrisa que nace en mi cara a causa de una caricia es más hermosa que cualquier otra cosa en la tierra, porque es tan pura, tan llena de felicidad y a la vez tan frágil; sin importar las circunstancias tan débiles que la provocan… como cuando me mira a los ojos, me da besos en la frente, cuando con las yemas de sus dedos recorre mis facciones y se detiene en mi cuello, cuando su cabeza se sumerge en la cavidad de mi clavícula, y respira, aspira el olor que le fascina, que lo entretiene y lo detiene a mi lado. ¿Quién? no sé, la voz no dijo. Alguien, supongo, alguien cualquiera al que se le de la gana de quererme si aquello llegara a pasar alguna vez. Sólo supongo.
Yo cierro los ojos para imaginar, para que la voz me cuente cuentos y yo, mientras tenga los ojos cerrados los crea ciertos, los crea mi vida. Cuando no, lloro. En esos casos no hay que poner atención.
Trillado, pendejo y todo, pero ahi va la necesaria frase de cajón: “Tu no estás sola”. Falta ver cuando confiarás plenamente en mi.