haber sacado de mi vacío al viento empezó a ser malo desde que tengo tu piel enredada en la punta de mis dedos.
Monthly Archive for May, 2007
- le estás dando demasiado.
- parece, pero no.
- lo más seguro es que te agotes pronto.
- … se te olvida que soy infinita?
…
- era mejor creer que no estabas. así no duele tanto.
- sí, yo también te extrañé menos.
- no, de hecho te extrañé mas… pero con menos odio cada vez.
- ah. de todas formas yo te extrañé menos.
…
- quero pegarme un tiro en la cabeza.
- detesto tu impaciencia.
- detesto tu indiferencia.
- tu roncas. detesto que ronques.
…
- te odio
- gracias?
…
- debí haberte estrangulado cuando pude.
- shhhht. deja oír.
No puedo. He reescrito lo que será éste párrafo unas tres veces, y aún así las palabras nunca se habían mostrado tan reticentes ante la idea de materializarse. En verdad extraño la fluidez con la que antes solía esparcir el interior de mi cabeza sobre tantos espacios vacíos… las últimas hojas de un cuaderno, los anversos de envoltorios de chocolatina, la palma de mi mano izquierda, ésta pantalla e incluso la superficie irregular de una pared. Sin embargo, cuando dentro de mi mutismo intento devolverme hacia todas esas letras, noto que detrás de ellas sólo encuentro melancolía, soledad y dolor.
Lo entiendo. Aún con toda la falta que me hace el vivir en mundos hechos de trazos irregulares de palabras casi vivas, no puedo -ni quiero- esconderme del hecho de sentirme completa como pocas veces antes, o renunciar a toda ésta felicidad. Es por eso que aunque mi cabeza me siga hablando del cómo sería si y de una Isabelita que mira por la ventana en los días de lluvia, las letras se hacen viento entre mis dedos cuando notan que por primera vez no son sólo mis labios crispándose en esa sutil curvatura que después ha de transformarse en besos los únicos que demuestran tanto placer… ellas mueren porque saben que todas las partes de mí están ocupadas sonriendo.
Birthday Dethday
[Dethklok]
Con cariñitos para mi broderi, en el día de su cumpleaños

Many years ago today
Something grew inside of your mother
That thing was YOU!
YOU!
You! You! You! You!
Did she scream? Did she cry?
Only those that are born are ones that get to die.
One more year goes hurting by.
Body, organs ripping, rotting
Vile lungs a grotesque chorus
Birthday equals nothing for us
R S V P Please
For the death of me
You have little time
You’re running out of life
Happy Birthday. You’re gonna die!
Time-Time-Tick-ing
Birth-day-Death-day
Die-die-Death-day
Birth-day-Death-day
Así se titulaba un post que iba a existir el 19 de septiembre de 2006 a las 9 y 46 de la noche, pero por alguna razón que se me olvida, nunca llegó a ser. Ya que la fecha no me dice nada, hoy sólo puedo conjeturar sobre los motivos que me llevaron a escribir éstas palabras y sólo éstas, pues el espacio bajo ellas se encuentra aparentemente vacío. No recuerdo si alguna vez hubo algo allí que segundos después fuera borrado, o si nunca estuvo ahí; tal vez porque en mi cabeza nunca supe ordenar lo que quería decir de tal manera que pudiera escribirlo, o porque sólo el título tenía sentido para mí y no había nada en lo que pudiera haber pensado para seguirle.
O tal vez sólo quería que en un futuro tuviera algo en qué pensar para entretenerme un rato…
No estoy muy segura… podría decir que estoy leyendo la página 278 de éste libro mientras me tomo de a poco un granizado de fruta, pero la verdad ya no queda nada en éste vaso y hace rato dejé de estar pensando en las líneas sobre las que se deslizan mis ojos. Tal vez estoy esperando, porque generalmente eso es lo que hago cuando me siento sola en los centros comerciales mientras devoro granizados y libros; aunque no sé si pueda precisar si estoy esperando algo, o a alguien, algo en concreto o en abstracto, alguien cualquiera o alguien él. Y sin embargo, cuando esperaba como en los viejos tiempos sabía que tarde o temprano algo iba a pasar, no como hoy; cuando lo más seguro es que no pase absolutamente nada. Así que, aunque tenga todas las ganas del mundo de que me pase algo, me pica la certeza y me dice que no va a suceder nada. Entonces estoy tomando granizado y leyendo un libro.
Pero… qué es lo que hace a la espera? es el acto mismo de esperar o la certeza del acaecimiento del hecho esperado? se espera si no hay nada que esperar? y si se espera y nada pasa, sería igual haber esperado? y si no estoy segura si estoy esperando o no? y si no estoy esperando sólo aquí, sino que espero algo en general, algo que puede pasar aquí o mañana, o ésta noche mientras esté en mi cama… seguiría esperando? y cuando esté haciendo otra cosa y lo que espero esté aún por suceder, esperaría al mismo tiempo? y si nada sucede -que es lo más probable-, y si no sé si espero… qué hice todo éste tiempo?
Me detendría en las preguntas, y tal vez me las responda. Pero también hago otra cosa. Supuestamente estoy escribiendo un libro. No uno, sino dos. El uno lo tengo aquí, en mi mente, pero cuando lo intento pasar al papel no logro que suene tan bien como cuando mi propia voz lo narra, y cada día se va escribiendo otro poquito, con un recuerdo, un gesto, una idea o una palabra bonita que quiero usar poque leí en algún otro lado. Mi libro tiene preguntas, preguntas como esas. A veces tiene respuestas, y a veces se explica solo. A veces me temo que cuando lo leas, si es que alguna vez llegarás a hacerlo, notarás que todo lo que dice ya lo sabías. Lo habré escrito por acá, algún fragmento, te lo habré contado por casualidad, algún otro. Me está quedando bien, en mi cabeza, al menos. El segundo libro no me gusta, no lo siento tan mío. No sé si llegue a ser un libro o seis cuentos cortos aparte. No sé si sean algo, por ahora son un letras apretujadas en el reverso de un montón de papeles de chocolatina.
De hecho, no sé qué estoy haciendo. No quiero hacer nada. Si he de confesarlo, creo que estoy triste, o deprimida, o algo así. Tengo un hueco en el estómago y me duelen las piernas, la espalda, el cuello y la cabeza, tal vez hasta me duele el corazoncito pero no sé si después de todo ésto todavía lo tenga completo. Me duele, me duelo. Mi mente exterioriza su estado en mi cuerpo y me avisa que algo no anda bien, y no, no anda bien. Siento si te hice perder mucho tiempo articulando este montón de palabras, y sé que preferirías que te hubiera dicho algo como “Nada, aquí, y tú?”, pero me calienta el alma un poquito que al menos alguien escuche una parte de todo lo que tengo por decir. Que tú, viento, me escuches. También quiero un abrazo… ¿pero de quién? ¿y cómo lo pediría sin que pareciese mendigándolo?, ¿por qué tengo que pedirlo y no simplemente sucede?
Lo siento, en serio. Pero por dentro y por fuera, tengo mucho mucho frío.

No más. No-Más. Renuncio. NO merezco que me traten así, en serio. O soy muy tonta, o tengo demasiado huevo.
No sé si son pocas las veces que sueño, o las que me acuerdo, o las que tienen algún sentido y son capaces de ser recordados, pero de cualquier manera, tener aún en mi cabeza retazos de sueños de la noche anterior no deja de ser algo excepcional que merece ser escrito.
Mi papá manejaba el carro en que iba, mi mamá estaba junto a él y yo estaba atrás. Atravesábamos una vasta llanura que colindaba con una gran masa de agua, el mar, probablemente. Estaba anocheciendo. Yo contemplaba obnubilada el juego de colores del cielo y el sol que moría -como es costumbre en mí- y sostenía mi cámara en una mano, pero dudaba en tomar fotos, porque el carro se estaba moviendo… me daba miedo hablarle a ese hombre que conducía.
Pero vi algo excepcional. Desafiando todas las imágenes que mi realidad conoce, voy a describir lo que en ese momento vi:
Era un sol, que aún mantenía su ardor típico del medio día, aunque el cielo estaba totalmente oscuro e impregnado de pequeñas estrellas. Se ocultaba sumergiéndose entre lo que parecía el mar, y su reflejo en él despedía rayos iridiscentes que desde el agua se lanzaban hacia el cielo, como fuegos artificiales. Junto a ese sol, había otro, ésta vez totalmente blanco, despidiendo rayos curvos, como los soles que dibujaba yo cuando aún era una niña. Éste sol se iba convirtiendo poco a poco en volutas de humo, mientras intentaba eclipsar al otro. Arriba de los dos soles, estaba la luna, llena y pequeña, pero no blanca sino coloreada por el arcoiris que subía del agua y se dibujaba sobre ella. Eso fue lo que vi.
Sin embargo, el carro se movía demasiado rápido. Le pregunté a mi papá si podía detenerse y devolverse un poco para que pudiera tomar una fotografía, lo cual hizo, sin decir nada. Pero, cuando volvimos al punto donde había ocurrido la escena que quería conservar, el primer sol ya se había ahogado, y con él sus rayos multicolor. El segundo se había extinguido cubriendo de humo al horizonte; la luna era cualquier luna y yo me llamaba decepción.
Seguimos andando. Llegamos a un pequeño pueblo donde nos quedaríamos a dormir. Hacía un calor del infierno. Había escarabajos y murciélagos parlantes en las paredes de mi habitación, golpearon la puerta y era mi padre, se quedó en silencio y yo le pregunté “¿por qué no vuelves a casa?”. Él no me dijo nada. Rugió. No entiendo en qué momento se trasformó en león. Igual que yo.
Recent Comments