Pero entonces qué es lo que me hace grande? y si cambio de color… parece que tendré que quedarme. Pero si me fuera y volviera sería más grande que si me quedara. Si me quedara allá y no acá el mundo dejaría de ser tan grande, pero todavía no entiendo por qué se me hace más fácil hacer bailar manos con lápices sobre una pista de papel en vez de golpear la punta de mis dedos contra pedazos de plástico. Fingertips, una palabra bonita. Como la lluvia que ahora cae, bajo la que puedo caminar y no correr, y al ser así soy más grande. Lluvia, allá, llorando. Acabo de darme cuenta que soy de los pocos que pronuncian la doble ele como una ele después de otra y no como una ye. Me siento grande. Y soy más grande una vez más sobre el papel, y aún no entiendo por qué es que no lo tengo y prefiero anotarlo todo sobre la memoria en vez de un pedazo de piel. de. árbol. Creo que soy de papel. Me gustaría ser de papel blanco, no traslúcido, no amarillo, no transparente como la felicidad que guardo en éste vaso de vidrio que desde que nació está cayendo, ¿cómo sé que es de vidrio? y si lo es no tiene por qué estar cayendo, y si sé que no quiero que se caiga no tengo por qué hacer que lo haga mientras lo imagino. O soy de espejos, Grace estás pálida, Grace, estás amarilla, Grace estás verde, no, yo reflejo el viento y el sol y el suelo porque soy de espejos. Espejos de papel.
Ya no busca mis ojos. Me teme, me desprecia, me odia o le soy indiferente. Y es que si al tocarme le duele, no tengo por qué preguntarme qué siente cuando ya no sé si llora. Camino y camino mirando al suelo y pensando en eso, pero de mí no depende, él sabrá lo que menos le lastima, mientras que yo, yo… I can’t be bothered.
Si la gente se tomara la molestia de buscar mi rostro entre éste lío castaño sería más grande. Aunque, una vez más, me pregunto para qué quiero ser (aún) más grande.
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