Anoche vi un programa en Casa Club TV donde alguien estaba fritando un pedazo de sandía y hasta ahora reflexiono sobre el alcance metafísico de aquel acontecimiento.
Monthly Archive for July, 2007
Mucho, muchísimo, pero nada más. No hay detrás de éstas dos palabras alguna otra cosa que no sea la sensación de fragilidad y desnudez de mi carne frente a la crueldad del viento, las humildes reacciones de mi piel hacia la escasa temperatura que aprendí a no extrañar. Frío, simple frío, con todas sus letras, más la tilde, más las palabras que de ésta se atreven a derivar los diccionarios. Mis dedos entumecidos, mis extremidades insensibles, mi boca seca y convulsa y mi cabeza recogiéndose en un único pensamiento: tengo frío. Tengo frío. Tengo frío. Sólo eso, tal vez acompañado de una tímida esperanza de sol.
Tengo frío y se me hace inútil gastar más palabras en ésta sensación que las dos que la componen, pues no es el cuerpo el que necesita expresar algo más allá de los nervios, lentos, o la sangre, quieta, porque es frío y nada más. Frío mundano y seguramente pasajero al igual que los instantes en que lo siento, frío como cualquier otro en cualquier otro, siempre requiriendo la misma respuesta y entretanto contentándose con espontáneas tremulaciones de los cuerpos.
No se trata del frío que me condensa gotitas del alma en cristal detrás de mis ojos tratando de deshacerme en aflicciones, ni el que va más allá de calar entre las carnes y se posa entre los huesos para pulverizarlos con su hálito, ni el que recoge a puñadas las vísceras y las estruja entre sus manos traslúcidas hasta encogerlas y esconderlas entre algún resquicio de tantos aquellos que guarda mi cuerpo. No es el frío con el que confundimos en abismo que en las entrañas va excavando la soledad a mordiscos, ni el de la desolación que desmaya al cerebro y lo abandona en los desiertos de niebla de las incertezas que deambulan entre mis ojos y los tuyos. Nisiquiera se trata de una vana necesidad de calor, es el frío en su forma más primitiva, sencilla y desentrañable, que tan poco dice de mí como la ciencia o la historia o las historias, y tan sólo se sirve de recordarme que mi supuesta infinitud es a la vez tan poco de nada, que tan común es a mí el frío como a cualquiera, y un tanto así será la muerte, tanto que hasta dios mismo los tuvo que haber sentido para podérselos inventar.
No está. No llega. No dormía en el sofá mientras abría la puerta ni se despertó perezosamente dejando escapar un ligero ñeuu por entre sus bigotes. No bostezó ni se acercó a mi mano para jugar con ella, no arqueó su espalda para despedirse del sueño, ni frotó mis piernas con su cuerpo para llenarme de pelos. No entró por la ventana, ni gritó MIAUUUU hasta no ver comida en su plato, que está aún lleno. No me ha visto acostada en la cama esperando que se suba a la mesita de noche y maúlle desesperadamente en mi oído, no reposa en mi cuello, ni en mi regazo. No está. No llega.

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