El otro trabajo estúpido.doc
by Grace
Ah, no se me ocurre nada. Apenas para ejercitar los dedos y alentarme con el molesto y continuo golpetear de las teclas (y tal vez para despistar al bonito, que está a mi lado pero ahora duerme) me decido a llenar éstas hojas con palabras que tienen la libertad de de llegar de cualquier parte. Una cosa que podría decir es que me pica la espalda; otra, que tengo antojo de chocolate, y, para no seguir con esto, que no se me ocurre nada para éste trabajo, y sin embargo tengo que sacar qué quién sabe de dónde para llenar seis hojas a times new roman 12 espacio sencillo. Escucho un disco que bajé hace un mes pero está llegando a mis oídos por primera vez hasta hoy… no es gran cosa, pero es bonito, como para escuchar durmiendo, como duerme mi bonito en éste momento acá en la cama, o como duerme 97 en el sofá. Yo no duermo, supongo que hoy no lo haré. Quisiera posponer esto para mañana, me diría “éste lo termino mañana por la mañana y el restante se hace por la tarde”. Claro. Así como el primer trabajo lo empezaba el jueves y lo terminaba el viernes por la noche. Pero es sábado, son las 6 y media de la tarde y lo acabé hace más o menos cuatro horas. El resto del tiempo vi televisión con el bonito hasta que se durmió, y decidí empezar este trabajo. Cuando empecé a escribir supuse que se me haría más fácil escribir sobre los momentos más cercanos al presente, pero no, va todo esto, el sábado se me agota en palabras y ni siquiera he llegado a la mitad de una hoja. Cambio las fuentes, los espacios, añado una décima en el interlineado que me ahorrará unas cuantas líneas sin que parezca espacio y medio. Miro de nuevo las preguntas que tengo que responder en seis hojas, sólo tengo que escribir sobre una de ellas y aún así no me llega la primer palabra que ayude a empezar éste trabajo final; aun habiendo leído todo no se me ocurre nada más. Cambio la letra a Palatino Linotype, el cambio es ostensible, ya me encuentro cuatro centímetros más abajo del medio de la hoja. Algún par de estupideces más y llenaré la primera, y al terminar me diré “mira qué fácil, si así no más ya llenaste una hoja muy pronto llenarás seis”, pero es que el tema no es el mismo, yo estoy hablando de mis momentos (ni siquiera de mí, en caso de que lo hiciera me demoraría mucho encontrando palabras) que suceden tan simples para que yo sea capaz de ilustrarlos con letras. Bonito sigue durmiendo, con una lágrima en el ojo izquierdo y la boca ligeramente abierta. Lo miro embobada y no sé qué más decir, porque cuando el existe se vuelve la complejidad de mis pensamientos y las palabras agachan la cabeza y se miran decepcionadas, conscientes de su inutilidad. Dos centímetros me separan del final de la hoja, sigo sin preguntas ni respuestas, de ahora en adelante supongo que sólo seré un autómata cuyo deber es desparramar frases en seis hojas en blanco que serán nueve porque tengo más que hacer, rogando que lo que allí quede impreso tenga al final algún sentido. Mi mamá acaba de llamar, la hoja está a punto de llenarse íntegra, sólo un par de palabras más. Por fin.
que mañosa con lo del cambio de fuente y de interlineado
uy, yo tengo que aprenderme todas esas mañas, me servirían para los ensayos de teología.