Nomás escríbelo

by Grace

Modesto, envejecido y un tanto preocupado, sostiene con ambas manos una hoja de papel. Mientras pide indicaciones a otro hombre que se las regala con el blazo izquierdo, la hoja se rasga, y sus mitades poco simétricas empiezan a agitarse. Es difícil adivinar desde la distancia si lo hace a propósito o si su cuerpo se comporta de una manera extraña pero, mientras el brazo izquierdo del otro hombre apunta al norte, los suyos se agitan enérgicamente uno contra el otro, formando truenos de papel que aún desde tan lejos llegan a mis oídos. Parece que va a estallar, el otro hombre se aleja con algo de temor impregnado en el rostro. El frenesí de sus extremidades empieza a atraer miradas, preguntas silentes y tímidos impulsos de altruismo que no logran concretarse debido al miedo. No tienen control, él lo sabe, inquieto y temeroso mira hacia todos los lados, encuentra una puerta. Sus manos aún tiemblan, ya menos por la aceleración de sus pasos. Su izquierda busca el bolsillo de la camisa, trabajosamente deposita en él el papel que sostenía. El otro continúa trémulo, sujeto por la continua violencia de la derecha. Pasa a mi lado. El hombre corre, y en unos segundos, desaparece.

(Hace mucho las historias no venían a mí para darme el lujo de desperdiciarlas.)