Página 41. Voy siguiendo un rastro de palabras que no parecen decirme nada todavía. El sol atraviesa su cénit, la luz se cuela por la puerta de vidrio y llega hasta mis pies. El edificio está casi vacío, en el hall sólo me encuentro yo. Y de repente tu olor por sólo un instante. Odio estas alucinaciones tan vívidas producto de tanto extrañarte.
Página 79. Todo se ve más amarillo y el calor del sol se empieza a sentir un poco más abajo de las rodillas. Algunas personas pasan frente a mí de un lado a otro. Juraría que alguna de ellas usa el mismo perfume que tú, porque lo sentí invadirme la nariz por un segundo. Levanto la cara buscando al emisor del aroma. Respiro con violencia, con las fosas bien abiertas, pero no vuelvo a sentir esa fragancia inquietante. Lo único que encuentro es el olor a herrumbre y sal. Olor a gente.
Página 116. Ninguna parte de mí se acostumbra a dirigir su atención al libro; todas están demasiado alteradas por la leve presencia de la parte de tí que más disfruto. La nariz atenta a una nueva ocasión, los ojos listos para identificar la fuente. Mi boca recordándose sobre tu cuello y el resto de mí… contigo, de alguna u otra manera.
Página 135. Un poco de esa esencia dulce flota en el aire por menos de un segundo. El sol me ciega levemente. No hay nadie. El olor no parece venir de ninguna parte.
Página 151. No puede ser cierto. No puedes ser tú-no-siendo-tú tantas veces. La realidad no puede ser tan cruel conmigo como para recordarme tantas veces tan seguidas que haces falta. Mi imaginación no me traicionaría de ésta manera. Despiértame. Despiértame porque sé que estás ahí, al otro lado de mis párpados cerrados, aferrado a mi cuerpo inútil, tratando de hacer que tu cuello me devuelva a la materialidad donde tu existes, y me abrazas, y puedo hundir mi nariz en tu cuello como si fuera lo único que existe. Porque es lo único que existe.
Página 187. No lo soporto más. Vuelve, ¿sí?
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