Archive for the 'dear diary...' Category

I don’t have a photograph that captures his smile, but I do have a tape of his laugh.

Todas las noches, cuando cierro los ojos para dormir, empiezo a oír voces. Todas me son familiares, casi siempre puedo identificar a quién pertenecen, pero pocas veces puedo entender lo que dicen. Cuando estoy muy cansada sólo oigo que balbucean; pero cuando puedo tomarme mi tiempo para dormir, me concentro y las palabras empiezan a distinguirse claramente. Las voces nunca dicen nada. Nada importante, al menos. Son sólo palabras que se juntan en frases con correctas estructuras gramaticales pero sin sentido alguno.

Sé que no son voces, realmente. Siempre he asumido que es la forma en la que mi cerebro se prepara para descansar, tomando sonidos de la memoria y mezclándolos con palabras que recoge del lóbulo temporal izquierdo. Y así las voces me van arrullando hasta que me duermo. Siempre. Todas las noches.

Anoche tu voz fue la primera en oírse. Me hablaba, y pude reconocer en lo que me decía muchas de las cosas de las que me habías hablado durante el día. No se callaba. No fue interrumpida por la voz de mi abuela o de algún presentador de noticias. Parecía que estuvieras allí, hablándome al oído y acariciando mi espalda. Tu voz conversó conmigo por horas, me hizo reír muchísimas veces y en una de ellas me quedé dormida.

Soñé con gatitos verdes y abrazos fantasma. Cuando desperté, su voz seguía allí, saludándome con un sorpresivo “buenos días, pequeña”.

(explosión)

Crecí.
Y ésta realidad me ha dado la bienvenida violentamente.

-recuerdo haber nacido, pero no haberme acostumbrado-

En la orilla

Página 41. Voy siguiendo un rastro de palabras que no parecen decirme nada todavía. El sol atraviesa su cénit, la luz se cuela por la puerta de vidrio y llega hasta mis pies. El edificio está casi vacío, en el hall sólo me encuentro yo. Y de repente tu olor por sólo un instante. Odio estas alucinaciones tan vívidas producto de tanto extrañarte.

Página 79. Todo se ve más amarillo y el calor del sol se empieza a sentir un poco más abajo de las rodillas. Algunas personas pasan frente a mí de un lado a otro. Juraría que alguna de ellas usa el mismo perfume que tú, porque lo sentí invadirme la nariz por un segundo. Levanto la cara buscando al emisor del aroma. Respiro con violencia, con las fosas bien abiertas, pero no vuelvo a sentir esa fragancia inquietante. Lo único que encuentro es el olor a herrumbre y sal. Olor a gente.

Página 116. Ninguna parte de mí se acostumbra a dirigir su atención al libro; todas están demasiado alteradas por la leve presencia de la parte de tí que más disfruto. La nariz atenta a una nueva ocasión, los ojos listos para identificar la fuente. Mi boca recordándose sobre tu cuello y el resto de mí… contigo, de alguna u otra manera.

Página 135. Un poco de esa esencia dulce flota en el aire por menos de un segundo. El sol me ciega levemente. No hay nadie. El olor no parece venir de ninguna parte.

Página 151. No puede ser cierto. No puedes ser tú-no-siendo-tú tantas veces. La realidad no puede ser tan cruel conmigo como para recordarme tantas veces tan seguidas que haces falta. Mi imaginación no me traicionaría de ésta manera. Despiértame. Despiértame porque sé que estás ahí, al otro lado de mis párpados cerrados, aferrado a mi cuerpo inútil, tratando de hacer que tu cuello me devuelva a la materialidad donde tu existes, y me abrazas, y puedo hundir mi nariz en tu cuello como si fuera lo único que existe. Porque es lo único que existe.

Página 187. No lo soporto más. Vuelve, ¿sí?

Bloomsday

Ya habían pasado varias horas desde la media noche, pero ella insistía en no dormir. Se excusaba a sí misma inventando un insomnio que en realidad no estaba allí, tratando de tapar el hoyo que se formaba en su estómago cuando pensaba en la mañana, creyendo inútilmente que su reticencia podría llegar a detener el amanecer. Cuando por fin decidió cerrar sus ojos, un minuto antes de quedar dormida, soñó con viajar al espacio exterior y morir allí, en el vacío.

Después de un día perfectamente omisible, concluyó que hubiera sido mejor no haber despertado.

Lunes

Hay días en los que todo, absolutamente todo lo que yo deseo se reduce a la esperanza de hablar con alguien antes de que se acabe el día; de llegar a algún sitio donde me miren a los ojos y me hagan reír, donde me cambien éste rostro mustio que hoy traigo puesto por uno un poco más liviano, pero aún así parece que es demasiado pedir.

Doctora

Necesitaba hablar con la fiscal 204, sobre la audiencia que tendría dentro de dos semanas. Cuando llegué a su oficina, me recibió la secretaria y me preguntó qué quería. Le respondí que quería averiguar sobre las actuaciones que ya se habían llevado a cabo dentro del proceso Nº xxxx-xxx-xxxxx. Me dijo que esperara un minuto, que la fiscal estaba muy ocupada y que iba a preguntar si podía recibirme en éste momento. La secretaria entró a la oficina, y la oí decir “Disculpe, hay una abogada allá afuera que quiere información sobre un proceso”. Después de un momento, salió y me dijo que no podía atenderme ahora, que volviera más tarde. Yo le di las gracias y me fui.

Una abogada. No puede ser, yo todavía no estoy lista para eso.

Funny how

las palabras se van quebrando al pasar por la garganta y una sola verdad puede costarnos tantas lágrimas.

The occasional reality bitch-slap

- Te acuerdas de Fulanito, el hijo se Zutanita?
- Uhm, ¿quién?
- Fulanito, el hijo de Zutanita y Mengano, primo de Perenceja. Un niño como de seis años, casi.

Ya me sentía capaz de terminar ésta conversación por mí misma. Es un episodio recurrente entre mi madre y yo: ella llega, me habla de un familiar lejano del cual se supone que debo acordarme (pero no), y cuando por fin la engaño diciéndole que si, me acuerdo más-o-me-nos, me entrega una invitación a alguna fiesta o evento relacionado con ésta pesona. Siendo un niño de esa edad podía adivinar que sería lo siguiente que diría, porque no sería la primera vez: “Es su bautizo / cumpleaños / primera comunión / bar mitzvah /loquesea, quieren que yo sea su madrina, que vaya a su fiesta y les lleve regalo”. Me preparé para regañarla y decirle que no era justo que siempre se dejara hacer lo mismo, que qué es eso de comprometerse a darle algo a alguien cuando sólo nos buscan para eso y cuando nosotras los necesitamos ni responden al teléfono. Ya me imaginaba en la celebración aquella haciendo mala cara, saludando de beso en la mejilla a tíos que no conozco, y llevándole regalos a un niño que ni sabrá quien es uno. Bah. Pues no. Ésta vez no quiero que eso pase.

- Ah, si, si, ya me acuerdo. ¿Por?
- Lo mataron. Mañana es su funeral.

Ligyrophobia

Oigo explosiones. No me inquiento tanto porque suenan algo distantes, y porque ya no les temo tanto como antes, cuando al primer estallido me cubría la cabeza con los brazos y corría llorando a esconderme. Trato de asomarme a la ventana para ver qué sucede pero lo único que logro ver es ese edificio ocre que me esconde del mundo. No importa, es fácil suponer que son fuegos artificiales.

Pero es más divertido jugar a que no lo son. Los estruendos se intensifican, se oyen cada vez más cerca, hasta el punto de disparar las alarmas de algunos autos. La gente mirará preocupada por sus ventanas, saldrá a las calles empeñada en averiguar qué sucede. La noticia no tardará en salir por televisión: la ciudad está siendo bombardeada. Imagino el terror en los rostros de las personas que celebraban la luz de unas velas en la acera mientras corren por sus vidas, el fuego esparciéndose por los edificios, las ventanas rotas, los ruidos, el pánico. Empiezo a sentir ese hueco en estómago que se abre cada vez que tengo miedo, a oír gritos, a convencerme de que es cierto. Y entonces cerraré los ojos, me cubriré la cabeza en los brazos y correré a esconderme. Sólo que ésta vez lo haré sonriendo.

( It went like this:
The buildings tumbled in on themselves
Mothers clutching babies picked through the rubble and pulled out their hair
The skyline was beautiful on fire
All twisted metal stretching upwards
Everything washed in a thin orange haze
I said, “Kiss me, you’re beautiful..
These are truly the last days”
You grabbed my hand and we fell into it
Like a daydream or a fever )

140

The phone rings. A man’s voice I’ve never heard before greets me. I greet him back, but he doesn’t seem to hear me.

The phone makes tapping noises. The man keeps saying “hello”, but is suddenly interupted by some answering machine.

“Thanks for using our services”, the machine says. More tapping noises. An unexpected *click*. Absolute silence.

Whoever calls, hangs up. The only sound coming out of my telephone is that beep we all get when there’s no one at the other end of the line.

I hang up the phone in disappointment.