Basado en los comentarios del post anterior. No puse el video de yutúb porque soy excepcionalmente inútil, y wordpress aún me gana.
Metal. Sujeto de burla de pseudointelectuales, de culto para jóvenes rebeldes, de gusto musical para… bueno, otra gente. Me incluyo. Y si he de confesar: escucho metal porque un tipo que me gustaba usaba mucho una camiseta de Iron Maiden, así no más.
La verdad es que yo era fan a morir de Britney Spears y Back Street Boys (puede sonar como si me burlara, pero no). Después de que mis padres decidieron no regalarme más CDs de gente que sale medio desnuda en las carátulas de los álbumes, simplemente me iba por cualquier cosa en la radio: superestación ochentayocho punto nueve efe eme estéreo. Creo que tenía 13 años en aquella época. Siento que estoy abusando de los puntos. Algo me impide ser coherente y escribir una oración de más de 10 palabras. Prosigo.
Entonces, a la edad de 13 años, en pleno oscurantismo propio de la preadolescencia cuya principal característica es la maleabilidad de los principios morales y el despertar de las hormonas (o sólo queriendo imitar a mis compañeras de clase que ya iban por los 16+), y en palabras de wannabe poeta que utilizaba a esa edad, “me enamoré profundamente de un chico de largos cabellos rubios y ojos azules” que usaba camisetas de Iron Maiden y miraba mal a todo el mundo. Por supuesto, y como era de esperarse en mi caso, el sujeto en cuestión no sabía de mi existencia. Utilizando artilugios femeninos (o sea, rogándole a una amiga que conquistara al hermano) conseguí su teléfono. Bla bla bla (ésta parte de la historia me avergüenza, si he de decir la verdad) bla bla, yo digo “y a ti qué música te gusta” él dice “el metal” yo ignoro totalmente ese término y me hago la interesante cambiando de tema. Como en éste momento, donde no pienso debatir mis fracasos amorosos.
Así que, como buena treceañera tratando de impresional al hombre de sus sueños, me pongo a averiguar sobre “uits, y eso que llaman metal cómo es que es?” llegando a la conclusión -gracias a MTV- que esa vaina era como Linkin Park y esos locos, lo cual, para mi gusto… no estaba del todo mal. Más o menos en ese mismo momento de mi vida (por algo que me atrevo a llamar “coincidencias chéveres”) decido que me voy a vestir de negro, y dicha resolución no tiene nada que ver con música. Abro paréntesis:
Yo me vestía HORRENDO, porque esa cuestión de combinar colores como que no era lo mío. Mi razón, en un exagerado ataque de simplismo que todavía me asombra, me dijo “pues si tienes un reloj casio negro, y una maleta totto negra, y una mochila negra, y un saco negro… ¿por qué no nos vestimos todo de negro? el mugre no se nota y nadie más va a volver a burlarse de tu camiseta azul celeste con un osito bordado en el centro…” Y si. No me pareció mala idea: fui inmediatamente a la tienda de camisetas más cercana y compré una camiseta negra con un smiley amarillo gigante en toda la mitad. Afortunadamente cogí buen gusto dos o tres años después, pero esa época era esa época y no me molesten. Bueno, ya di la explicación de por qué me visto de negro y para sorpresa de algunos, no tiene que ver con metal. Para nada. O sea, no. Es en serio, no me molesten. Cierro paréntesis.
Bueno, sí, de vuelta al “metal”. Resulta que yo me creía lo más de mala porque escuchaba Linkin Park y Rammstein (Marilyn Manson siempre me pareció un sujeto desagradable), y sin embargo el sujeto éste me rechazó por “poser”. Por supuesto no pude soportar la vergüenza y el oprobio que éste adjetivo sembró en mi confundido ser, así que me di a la tarea de investigar. De cómo vencí mi timidez para preguntarle por primera vez algo a un vendedor desconocido e intimidante sólo puede ser explicado por el afán de defender el honor maltrecho, supongo. Bueno, el hecho es que en una de esas idas anuales a San Andresito a las cuales mi papá me obligaba a ir para que “escogiera una muda de ropa y un par de zapatos”, me aventuré dentro de una de esas tiendas de música de dudosa procedencia (en la época en la que los cidis piratas valían 5mil pesos y venían en una caja remedo de la original), me atreví a preguntar algo así como “buenas, ¿metal tiene?”. El resultado: un cidi emepetrés con vainas como helloween , judas priest, iron maiden, manowar y otras cosas que no me acuerdo. Apenas llegué a mi casa, puse el cidi en el equipo de sonido (que era la gran verriondera porque leía emepetrés!) y me asusté. Mucho.
Esa cosa es muy pesada para mí, pensé (y eso que era jelogüin, de por dios). Sin embargo, con la esperanza de convertirme en la persona que me imaginé (el lado oscuro me llamaba, clamaban tener galletas…) puse el cidi día y noche hasta que me acostumbrara. Y pues me di cuenta que tuve la mala suerte de toparme con una canción que carecía por completo de feelin’ la primera vez que lo escuché. Me agradó bastante, era alegre, algunas letras eran hilarantes y… nadie en el colegio sabía de la existencia de esa gente. Qué mejor para un alma que se perfilaba rebelde. Me refiero a la mía, no se equivoque usted.
Bueno, la verdad si quiere ver algo que tenga sentido en éste desparrame de letras, mejor que deje de leer el post, me temo que ésto no va para ningún lado. Al menos a mí me va a ayudar a superar traumas de la post-niñez en un ejercicio pseudo catártico, pero no sé usted. Continúo.
Bueno, el hecho fue que esa vaina me gustó y punto. Después de numerosas investigaciones y el descubrimiento de la World Wide Web O M G, pude expandir mis conocimientos al respecto, y la verdad es que le cogí mucho cariño. Me voy a ahorrar el insight patético en el que digo “es más que música, es un sentimiento”, pero para mí es eso. Si para ustedes el metal no es más que la grabación de una motosierra y un tipo que trata de ganarse la vida gritando porque no se supo graduar del colegio, no me importa. A mí me parece que Björk no hace más sino aburrir a la gente con la misma gritadera pero más aguda, pero es mi opinión, y hay gente a la que le gusta el reggaetón, entonces déjenme vivir, caray. Dentro de todo, es cuestión de gustos (ya sé que no he dicho nada nuevo pero no-me-importa).
Yo soy de las que defiendo que el metal es una cultura, así haya intelectualoides de mentiras que quieran decir que “eres inferior a nosotros y por eso te gusta esa ahorcadera de marranos, jojojo”, y adolescentes a la edad de 13 años que se creen mucho metal escuchando coyi ca uto y sklipdtnot (no sé escribir esa vaina y me da pereza buscar en google), negándose a ir más allá de lo que les diga el Canal 13. Ésta última frase la tengo que poner porque no falta el argumento de “pero es que usted también fue así de ignorante, respete”… al menos yo si salí de esa etapa.
Venía diciendo, que el metal es “un estilo de vida” por más perdedor que suene. Es un género que tiene historia y unas bases coherentes, que tal vez no “defienda una ideología” clara y precisa pero permite a los que la escuchamos escoger una propia y sustentarla. Porque los metaleros no somos brutos, como piensa la mayoría (somos brutales! [chiste malo]), y que aunque no falta el cochino degenerado que no entiende razones, no quiere decir que ninguno de nosotros sea capaz de coger un libro y defender una opinión como cualquier otro ser humano que escuche Charly García, Björk o Sigur Rós.
Personalmente, me ofende que se tome al metal como un objeto de burla, y que se generalice a todo el que se atreva a escuchar al género como un ignorante despeinado con sudor acumulado entre su entrepierna y el pantalón de cuerina que no se quita hace un mes. Me ofende, de verdad, que cualquier imbécil se crea con derecho a burlarse de todo un género sólo porque le parece ridículo que un man se ponga una manilla de taches, un pantalón de cuero y se pinte la jeta de blanco y negro a la usanza de Kiss, gritando “viva el metal y satán”. Me ofende que los que se atreven a criticar al metal no sepan nada de él. Y podré saber tanto de escalas y riffs de guitarra como de maternidad de ornitorrincos, pero de algún modo me identifico con los ritmos, los distingo, los aprecio; y al menos conozco qué historia se esconde detrás de cada “cliché”, para atreverme a decir que de algún modo se justifica, y se debe respetar.
Sin embargo, tampoco soy de aquellos que se van a los extremos. Quero decir, si yo cojo el adorno de gallina que está en la cocina para sostener los huevos y me lo pongo en la cabeza, y después empiezo a decir “mírenme, soy biyork”, no veo por qué no se puedan hacer parodias metaleras de mal gusto intencional. No. Yo no me pongo a insultar si algún sujeto cualquiera se burla de la música que me gusta, no discrimino ni trato mal a nadie porque no se atreve a tener el mismo gusto musical que yo. Y sé que no soy la única, muchos metaleros entienden, respetan, no les importa. Pero parece ser que, tristemente, los mismos sujetos que nos discriminan a nosotros son culpables de la misma irracionalidad de la que se quejan.
Por mi parte, sólo exijo algo de tolerancia y respeto.
Les dije que la lectura de ésto iba a ser completamente inútil. Sí, termina acá, no es nada más. ¿Y mi opinión sobre el video? ah, la verdad me pareció extremadamente gracioso.
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