We met randomly.
Recuerdo la primera vez que lo vi. No el día, ni la hora, ni los insulsos detalles que le dan relevancia a éste recuerdo en los ménsulas oxidadas fijas en las paredes de la historia que no decido guardar. Sólo conservo el segundo en el que yo le dije sesentayunosesentacincuentayocho con los ojos detenidos en el lado derecho de su cara, en su iris de avellana que buscaba rasgos similares entre la imagen que aparecía en la foto y la mía mientras pronunciaba mi primer nombre en voz baja. Encorvó su espalda al tratar de igualar la altura de su cabeza con la de la pantalla que tenía en frente, y siguió con su trabajo repitiendo el proceso con el sucesor de mi lugar en la fila.
Encontré placer en repetir éste pequeño e infantil juego aunque no lo necesitara. No esperaba que sucedera algo distinto al apresurado número, el sutil nombre, su escueta mirada y mi pequeña sonrisa… algunas veces sólo me asomaba por allí impulsada por ese tímido placer que sentía al encontrar sus ojos fijos en la misma pantalla, otro nombre, otra fotografía.
Empezó a salir de esos instantes. Lo encontraba en la biblioteca, en la cafetería, en los pasillos, en las escaleras, en las puertas, saliendo, entrando, todos los días; siempre solo y siempre con la mirada intensamente aferrada a algún punto en su espacio. Salió de sus instantes y se encontró con los míos. Me encontraba en la biblioteca, en la cafetería, en los pasillos y las escaleras, entrando, saliendo, bajando, subiendo. Sus ojos mayúsculos ahora se encontraban asidos a los míos durante los breves segundos en los que podían encontrarse sin exagerar sus movimientos, se hacían fuerza, unos contra los otros, para los otros, hacia los otros, no tanto para separarse sino para sostenerse y quedar suspendidos en el instante en que el bosque que circunda mis pupilas se sentía más tibio al ser expuesto al fuego de las suyas.
Decidí incluir sonrisas. El juego se hacía cada vez más grande…
…pero murió instantáneamente cuando me enteré de su nombre, que venía acompañado de una foto y una petición de amistad en facebook. No lo he vuelto a encontrar, y sé que cuando lo haga no va a ser tan divertido jugar a mirarlo a los ojos.
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