No estoy muy segura… podría decir que estoy leyendo la página 278 de éste libro mientras me tomo de a poco un granizado de fruta, pero la verdad ya no queda nada en éste vaso y hace rato dejé de estar pensando en las líneas sobre las que se deslizan mis ojos. Tal vez estoy esperando, porque generalmente eso es lo que hago cuando me siento sola en los centros comerciales mientras devoro granizados y libros; aunque no sé si pueda precisar si estoy esperando algo, o a alguien, algo en concreto o en abstracto, alguien cualquiera o alguien él. Y sin embargo, cuando esperaba como en los viejos tiempos sabía que tarde o temprano algo iba a pasar, no como hoy; cuando lo más seguro es que no pase absolutamente nada. Así que, aunque tenga todas las ganas del mundo de que me pase algo, me pica la certeza y me dice que no va a suceder nada. Entonces estoy tomando granizado y leyendo un libro.
Pero… qué es lo que hace a la espera? es el acto mismo de esperar o la certeza del acaecimiento del hecho esperado? se espera si no hay nada que esperar? y si se espera y nada pasa, sería igual haber esperado? y si no estoy segura si estoy esperando o no? y si no estoy esperando sólo aquí, sino que espero algo en general, algo que puede pasar aquí o mañana, o ésta noche mientras esté en mi cama… seguiría esperando? y cuando esté haciendo otra cosa y lo que espero esté aún por suceder, esperaría al mismo tiempo? y si nada sucede -que es lo más probable-, y si no sé si espero… qué hice todo éste tiempo?
Me detendría en las preguntas, y tal vez me las responda. Pero también hago otra cosa. Supuestamente estoy escribiendo un libro. No uno, sino dos. El uno lo tengo aquí, en mi mente, pero cuando lo intento pasar al papel no logro que suene tan bien como cuando mi propia voz lo narra, y cada día se va escribiendo otro poquito, con un recuerdo, un gesto, una idea o una palabra bonita que quiero usar poque leí en algún otro lado. Mi libro tiene preguntas, preguntas como esas. A veces tiene respuestas, y a veces se explica solo. A veces me temo que cuando lo leas, si es que alguna vez llegarás a hacerlo, notarás que todo lo que dice ya lo sabías. Lo habré escrito por acá, algún fragmento, te lo habré contado por casualidad, algún otro. Me está quedando bien, en mi cabeza, al menos. El segundo libro no me gusta, no lo siento tan mío. No sé si llegue a ser un libro o seis cuentos cortos aparte. No sé si sean algo, por ahora son un letras apretujadas en el reverso de un montón de papeles de chocolatina.
De hecho, no sé qué estoy haciendo. No quiero hacer nada. Si he de confesarlo, creo que estoy triste, o deprimida, o algo así. Tengo un hueco en el estómago y me duelen las piernas, la espalda, el cuello y la cabeza, tal vez hasta me duele el corazoncito pero no sé si después de todo ésto todavía lo tenga completo. Me duele, me duelo. Mi mente exterioriza su estado en mi cuerpo y me avisa que algo no anda bien, y no, no anda bien. Siento si te hice perder mucho tiempo articulando este montón de palabras, y sé que preferirías que te hubiera dicho algo como “Nada, aquí, y tú?”, pero me calienta el alma un poquito que al menos alguien escuche una parte de todo lo que tengo por decir. Que tú, viento, me escuches. También quiero un abrazo… ¿pero de quién? ¿y cómo lo pediría sin que pareciese mendigándolo?, ¿por qué tengo que pedirlo y no simplemente sucede?
Lo siento, en serio. Pero por dentro y por fuera, tengo mucho mucho frío.
Recent Comments