de·lir·i·um

Nunca quise ser escritora. En algún momento creí que sí, porque escribo por gusto, por necesidad y porque lo reconozco como una especie de habilidad, pero nunca entretuve en serio la fantasía de escribir, publicar y ser leída por muchas personas. Escribo porque es la mejor manera de hacerme entender, y porque en mi vida no tengo muchas oportunidades de hacerlo de otro modo. Escojo mis palabras con precisión, comunico lo que quiero decir de manera clara y completa y nada refleja mejor lo que soy que lo que he escrito. Escribo solo para sacarme cosas de la cabeza, para darle forma a ideas que cuando andan sueltas no puedo completar. Escribo, principalmente, porque hablar me es imposible.

He escrito en público, constante o intermitentemente, desde hace casi 13 años, y cada tantos decido borrarlo todo y empezar de nuevo. Siempre lo hago como un impulso, desatando las ganas de ahogar la voz que alguna vez tuve y encontrar una nueva, una que pueda controlar, moldear y hacer pasar por la de alguien mejor que yo. Nunca lo he logrado, por supuesto, porque siempre termino escribiéndome a mí misma, y no puedo dejar de ser yo por más que lo intente.

De todo, todo lo que alguna vez escribí del 2004 al 2010 (de los 15 a los 21 años) solo queda un pequeño libro que no llega a las cien páginas, que desde que fue publicado en 2011 no he tenido la valentía para ojear siquiera. No creo que sea bueno. Si me emocioné tantísimo cuando se publicó, fue más porque me sorprendió que alguien diferente a mí le diera un valor que yo no le veía. Fue la editorial quien lo encontró y decidió publicarlo, yo solo consentí.

Según la editorial, de alrededor de los 80 ejemplares que se publicaron en México no quedó ninguno. De los 20 y tantos ejemplares que yo recibí para distribuir en Colombia me quedan casi todos. Regalé un par, mi mamá le dio otros cuantos a familiares lejanos y yo me quedé con los demás, porque no hallé a nadie que quisiera uno. Definitivamente no es un buen libro, y no esperaba que lo fuera, pues al fin y al cabo se compone en su mayoría de ideas adolescentes.

Lo que no sabía, y que solo hasta el año pasado alguien tuvo la franqueza de contarme, es que el libro no había sido del todo ignorado. No: fue un objeto repetido de burla a mis espaldas, iniciada y propagada por las personas con las que (creía) tenía una relación cercana: ex parejas, amigos, amigos de amigos, conocidos con quienes hablaba frecuentemente. Personas con las que todavía hablo a veces y aún me cuesta creer que hayan sido capaces de algo así.

Yo misma no estoy orgullosa de ese libro, pero me reconozco por completo en él, y lo que sucedió lo tomo como una afrenta personal que todavía no logro comprender del todo. No entiendo cómo alguien tan inconspicuo y frecuentemente ignorado como yo pudo ser blanco del veneno de esta gente. Tampoco me explico cómo es que un ejemplar de mi libro fue a parar a sus manos. ¿Lo compraron en México solo para poder burlarse de él? Lo dudo. ¿Alguna de las personas a quien se lo regalé se prestó para eso? Es más probable. ¿Qué hice yo para motivar algo así, tener el atrevimiento de permitir ser publicada sin ser digna de ello? No sé. Quisiera que no me importara, pero saber que las personas que creí más cercanas a mí me respetaran tan poco me afectó bastante. Afortunadamente me enteré cuando ya estaba lejos de toda esa situación, y la veo desde aquí como si se tratara de una vida pasada.

A pesar de todo, fue la publicación de ese pequeño libro del que tanto reniego lo que desató la cadena de acontecimientos que me trajo hasta aquí. Supongo que el precio es ya no tener nada (ni nadie) a qué volver.